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Centro de profesorado de Cantabria


La formación permanente del profesorado en la Comunidad Autónoma de Cantabria se regula por el Decreto 33 / 2009, de 16 de abril y el Decreto 31 / 2013, de 30 de mayo.

Se pretende con este marco normativo facilitar la planificación y desarrollo de las actuaciones en materia de formación de los docentes. Se regulan en él, entre otros aspectos, los principios básicos y la concepción de los procesos formativos, las pautas para su organización y planificación, y las diversas estrategias y modalidades de formación, así como las funciones y pautas de actuación de los distintos agentes de formación y asesoramiento.

La planificación y el desarrollo del Plan Regional de Formación Permanente del Profesorado dependen de la Dirección General de Ordenación e Innovación Educativa, y está coordinado por la Unidad Técnica de Innovación Educativa (UTIE). El desarrollo del conjunto de actuaciones relacionadas con la formación se realiza a través de la Red de Formación Permanente del Profesorado de Cantabria, formada por el Centro de Profesorado de Cantabria (CEP Cantabria) y los centros educativos, con el apoyo de los servicios y unidades técnicas de la Consejería de Educación, Cultura y Deporte.

El CEP Cantabria www.cepcantabria.educantabria.es se ubica en Santander, y tiene dos extensiones:

  • Zona oriental: CEP Cantabria, extensión de Laredo
  • Zona occidental: CEP Cantabria, extensión de Viérnoles

 

Dentro del Decreto 33/2009, en el artículo 13 del capítulo 3, encontramos las funciones que se asignan al Centro de Profesorado de Cantabria:

  • Apoyar y asesorar en los procesos de formación de los centros educativos y de los grupos de trabajo de docentes de diferentes centros.
  • Desarrollar el Plan Regional y el Plan Anual de Formación Permanente del Profesorado de la Consejería de Educación, Cultura y Deporte en su ámbito de actuación a través del Plan de Actuación de centro.
  • Promover procesos de investigación e innovación educativa.
  • Potenciar redes de centros e intercambio de buenas prácticas educativas.
  • Impulsar la reflexión sobre los procesos de enseñanza y aprendizaje en el marco de un enfoque educativo orientado hacia la adquisición y desarrollo de competencias.

 

En ese mismo artículo, se señalan los principios rectores siguientes:

  • La necesaria adecuación a las necesidades formativas del profesorado y de los centros, teniendo en cuenta las características de los mismos.
  • El carácter negociado de la planificación, desarrollo y evaluación de la intervención formativa.
  • El desarrollo profesional basado en el aprendizaje compartido y el trabajo en equipo.
  • La búsqueda de un equilibrio entre las necesidades del sistema educativo y las del centro educativo y el profesorado.
  • La importancia de la evaluación institucional de los procesos de formación desarrollados en su ámbito de actuación y la autoevaluación de la práctica profesional.