La formación del profesorado y la mejora de la educación.

Juan Manuel Escudero y Alberto Luis Gómez (editores) (2006). Autores: Juan M. Escudero, Ewald Terhart, Jesús Romero, Alberto Luis, Antonio Bolívar, Mª Lourdes Montero, José M. Rozada, Francisco Imbernón, José Contreras, Francisco F. García, Miguel A. Zabalza. Coeditado con Octaedro. 339 pág. ISBN: 84-8063-820-6.

Desde el Gobierno de Cantabria valoramos este libro por la importancia que otorgamos a la formación del profesorado, sobre la que actuamos en todos los ámbitos posibles. Y sin duda, la Universidad Internacional Menéndez Pelayo –en la cual se gestó esta publicación- es un escenario privilegiado para la educación y la formación en general. Por ello, colaboramos a que la propia formación del profesorado, como elemento clave de calidad educativa, se convirtiese en contenido y objeto de debate y reflexión.

Un libro tiene un título ambicioso, y pretende ofrecer un espacio y un tiempo para pensar sobre el conjunto de la formación del profesorado, esto es, sobre la formación inicial y continua.

El momento actual parece especialmente indicado para debatir sobre la formación inicial, en cuyo análisis se han detectado demasiadas carencias, tanto en lo referido a los maestros y maestras de primaria, como, especialmente, en la del profesorado de E. Secundaria. Actualmente, el Espacio Europeo de la Educación Superior nos ofrece una oportunidad para mejorar la formación inicial del profesorado español. Este libro pretende contribuir pues a conocer otras realidades europeas y a apuntar referencias fundamentales para dicha mejora.
Igualmente dedica un espacio amplio a la formación permanente del profesorado, un factor sin duda vital en cualquier profesión pero, trascendental en la docencia. Una profesión que cada día ha de ejercerse en contextos progresivamente más complejos y cambiantes, ante los cuales no hay respuestas estándar ni homogéneas. Y exige, por tanto, autonomía y criterio profesional. En este escenario, la formación se convierte en un elemento intrínseco de la profesión docente, un elemento imprescindible y útil para el logro de una cultura profesional más desarrollada.

De acuerdo a esta concepción de la profesión, la formación permanente se ha visto impulsada en los últimos 20 años, a través de instituciones específicas que han posibilitado el aprendizaje del profesorado en torno a numerosas cuestiones, y asimismo, el desaprendizaje de otras prácticas que nos acompañaban.

Si bien veinte años son pocos en la escala histórica, sí son suficientes para repasar la trayectoria seguida y valorar justamente si ésta está sirviéndose para cumplir lo que de ella se espera, y que el título de este libro recoge de forma sintética, que no es más que lograr la mejora de la educación para todos y todas. Algo a lo que las administraciones educativas estamos obligadas a dedicar todos los recursos posibles, pero a hacerlo también en la mejor de las direcciones posibles.

A este respecto, la Administración educativa de Cantabria que represento y de la que forman parte personas que han pertenecido al ámbito de la formación, hemos convertido a la formación permanente en un ámbito de actuación prioritario de nuestro modelo educativo.

Hasta el momento actual, las actuaciones han ido dirigidas a la adopción de un modelo de formación de referencia, tanto para las estructuras de formación común para los propios centros educativos, así como a la elaboración de un plan de formación a medio plazo, tres años, que nos permita establecer objetivos y actuaciones consecutivas.

Pretendemos hacer realidad una formación permanente que, recogiendo las buenas prácticas de los últimos años, ayude realmente al profesorado en la educación que los nuevos tiempos les reclama. Por eso, y al hilo de las reflexiones que los 20 años de existencia de los centros de formación del profesorado de Cantabria aporten, estamos en disposición de afrontar el reto de mejorar significativamente la formación del profesorado, apostando por un modelo, unas políticas y una estructura que haga realidad algunas cuestiones que consideramos irrenunciables, entre ellas:

  1. La contextualización de la formación, para que responda realmente a la problemática que los centros y las aulas presentan, problemáticas similares pero singulares en cada contexto, y para las cuales tenemos que estar en condiciones de prestar ayuda al profesorado en un terreno y de acuerdo a su percepción y explicación de la realidad.
  2. La necesidad de compartir proyectos educativos, que implica en primer lugar el trabajo en equipo del profesorado. Pero además, necesitamos hacer realidad una formación que haga posible la relación con otros profesionales. Una formación permanente que supere la perspectiva individualista y ponga el foco en el centro y en la comunidad educativa, para educar desde una perspectiva comunitaria y de territorio.
  3. La innovación educativa, para la cual la formación permanente debe representar un apoyo y convertirse así en la energía necesaria para mantenerla viva y trasladarla a otros ámbitos y contextos.


Estos aspectos que ocupan y preocupan a esta Administración Educativa, además de otras reflexiones que afloraron durante aquellos días de trabajo en la Universidad Internacional, como los procesos y metodologías más adecuados, el perfil de los profesionales del asesoramiento o los diferentes contextos profesionales, nos ayudarán a configurar con mayor nitidez la propuesta que desde la Consejería de Educación de Cantabria estamos rediseñando en el ámbitos de la formación permanente del profesorado.

Finalmente, quisiera dar las gracias al profesorado que colabora en este libro, sin duda profesionales de reconocido prestigio que conocen la realidad y el papel de la formación permanente.